
Un tipo con una «florida ideación de tipo megalomaníaco», según el forense que le ha analizado; alguien que, «con su mera palabrería», ha sido capaz de estar en «conferencias, lugares y actos a los que accedió sin alertar desde el inicio su conducta a nadie, por muy de las Juventudes del Partido Popular que manifieste haber sido», según alerta la juez de la Audiencia Provincial de Madrid en el auto en el que le deja en libertad con cargos; y aunque nadie lo diga por escrito, un chaval de apenas 20 años que con el único cebo de su labia y unos supuestos informes oficiales con sellos y firmas torpemente escaneados consiguió, entre otras cosas mucho menos significativas, estar en la recepción que Felipe VI ofreció en el Palacio Real el día de su proclamación. Y eso son palabras mayores.






